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Un gancho sexual en redes sociales para robar y matar

Un gancho sexual en redes sociales para robar y matar



Daniela Mendoza, Bella, Dulce Ángel… Eran algunos de los «nick» (apodos) que ponían nombre a la voluptuosidad de una venezolana en las redes sociales. Su favorita era «Badoo», web de citas personales, donde camelaba a los hombres con sutilezas sexuales más explícitas cuando caían en su trampa. Ella era el gancho y la mitad del binomio criminal (trinomio a veces) que secuestró, robó, ató con bridas y propinó brutales palizas y descargas eléctricas a dos hombres en Zaragoza. Al tercero, lo mataron. Dulce Ángel y su novio lo enterraron vivo, según ha confirmado la autopsia, tras romperle el cráneo y las costillas.
«Habían diseñado una peculiar trama que denota una meticulosa planificación previa», señala la Guardia Civil en su atestado en el que detallan las aberraciones y la violencia que empleaban. Desde el 5 de octubre Hedangeline Candy Arrieta, de 34 años, y Mohamed Achraf, de 35, están en prisión.

Florin J., camionero rumano de 37 años, fue su primera víctima. Quedó con Daniela Mendoza, dominicana, a través de «Badoo» el pasado 26 de julio en Gallur (Zaragoza). Ella le pidió que la llevara a casa de su abuelo a recoger una chaqueta. Dos individuos lo sacaron a la fuerza de su Renault Clio, lo tiraron al suelo, le ataron bridas en las muñecas y los pies, lo enlazaron con una cuerda de pies y manos y lo amordazaron con cinta americana. «Ya sabes lo que te va a pasar si no colaboras», le amenazaron con un cuchillo en el cuello mientras le daban descargas eléctricas. Le quitaron hasta las zapatillas. Cuando les dio el pin de su tarjeta lo abandonaron atado en un cañaveral. La falsa Daniela rebuscaba en el coche mientras sus compinches se cebaban.

Julián L., empresario de 59 años divorciado que vive en Tudela, contactó con «Bella», brasileña, también en «Badoo». «Me gustan maduritos», le dijo, y le habló de la ropa interior que llevaría. Llegó hasta la localidad zaragozana de Luceni en tren, el pasado 4 de septiembre, y allí empezó la pesadilla. En un camino de tierra le golpearon con una llave inglesa en la cabeza. Echó a correr mientras ella gritaba:«Mata a ese hijo de puta que se escapa». La mujer montó una pistola y le apuntó a la cabeza. Creyó que lo iban a matar. Como a Florin, lo ataron y amordazaron. Le robaron todo: 650 euros y sus pertenencias. Querían que su familia pagara 12.000 euros por el rescate, si no le cortarían un dedo. «Hacedme lo que queráis, ellos como mucho os pueden dar mil euros», les dijo. «Te vamos a tirar a un río», fue la amenaza de Bella. Lo dejaron encapuchado y malherido en mitad de un campo.
«Vuelvo pronto»
«Si no me lo paso bien, vuelvo pronto. Si no regreso en todo el fin de semana, el lunes me voy directo al trabajo». El informático de Getxo (Vizcaya) José Antonio Delgado Fresnedo, de 54 años, se despidió de sus padres el pasado 6 de septiembre como algunos viernes. Asu amigo Fernando le contó que había quedado con una mujer a través de la red de contactos «Badoo» y que tal vez irían a Zaragoza. El martes 10 su padre denunció su desaparición ante la Ertainzta. Llevaba dinero y tarjetas, unas mudas de ropa y su flamante Mercedes C220 coupé rojo. Ese día era el cumpleaños de su hermana y no la llamó para felicitarla. Era la primera vez en su vida.
Los agentes explicaron a la jueza que la consideraban una desaparición inquietante y que corría riesgo su vida. Se mandaron los datos a Policía y Guardia Civil de Zaragoza. El coche, que llevaba un sistema GPS, había estado en esa provincia. Y seguía.
El día 13, la Guardia Civil localizó el Mercedes. Lo había comprado Antonio F. a través de la web «milanuncios» a un individuo por 21.000 euros, de los que le había entregado 11.000. «No desconfié porque la mujer me entregó el DNI original del propietario y en la documentación del coche estaba el mismo teléfono al que yo llamé», explicó el comprador a los agentes. La mujer era la misma cazadora de «Badoo», pero él no sabía nada de esa historia.
Tiró las joyas al váter
Con las tarjetas bancarias del desaparecido se había extraído dinero en cinco cajeros distintos de la provincia. La Guardia Civil pidió colaboración a sus unidades de seguridad ciudadana de la zona y distribuyó las imágenes del individuo que había sacado dinero en los cajeros. Un sargento del puesto de Pedrola lo reconoció. «Es Mohamed Achraf», contó a sus compañeros. «Tiene dos órdenes de alejamiento de dos mujeres que viven en el pueblo y desde hace unos seis meses mantiene una relación con una tercera mujer». El sospechoso vivía en una nave industrial a las afueras de Pedrola.
Era 24 de septiembre y los investigadores (a esas alturas se había formado un equipo conjunto entre agentes de la Comandancia de Zaragoza, de la UCO y de la Ertainzta) comprobaron el largo historial delictivo del marroquí. El comprador del Mercedes y su mujer también lo identificaron sin dudar. Los seguimientos y vigilancias a los que sometieron a él y a su pareja en la nave –donde tenían su casa– y en sus desplazamientos dieron resultados en pocas horas.

El 27 de septiembre, los agentes hallaban la tumba de José Antonio Delgado en el barranco del Salto del Lobo de Pedrola. Lo enterraron desnudo y vivo (ya agonizante), según ha confirmado la autopsia (tenía restos de tierra en la faringe, la laringe y el esófago). Presentaba traumatismos en la cabeza, fracturas múltiples en las costillas y marcas en las muñecas.
El 2 de octubre, cuando ya las otras dos víctimas –representadas ambas por el abogado José Cabrejas– habían identificado a la mujer en fotografías, la venezolana Hedangeline Arrieta y su pareja, Mohamed Achraf, fueron detenidos. En los registros los agentes encontraron las pruebas de sus tres salvajes ataques: piezas del Renault de Florin, su teléfono, su documentación y la pistola Tasser con la que le dieron descargas. Hallaron también una pistola con cargador, la que «Bella» montó para amenazar al empresario de Tudela y, por supuesto, las pertenencias del informático José Antonio Delgado.
Pidió asilo
La arrestada pidió ir al baño durante el registro de la casa. Minutos después, una agente halló flotando en el váter una cadena de oro y una alianza. Esas dos joyas de las que nunca se desprendía la víctima la involucraban de manera directa en el asesinato del informático. Los investigadores les atribuyen a ambos el mismo papel. A ella además, el de gancho sexual. No era ni brasileña ni dominicana, sino venezolana, y había pedido asilo en nuestro país. No era Bella ni Daniela. La red de contactos fue su perfecto caladero.



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Author : (Cruz Morcillo)

Publish date : 2019-12-08 01:38:25

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